lunes, enero 18, 2010

< SiEmPre eS aLgo Que.. >

Escúchame más y más
Aquí en el fondo
Hecho un caracol pequeñísimo
Convertido en una sonrisa arrollada
Todavía soy capaz de pronunciar
El nombre

(La Palabra)
Vicente Aleixandre.

Siempre queda una palabra que decir y que guardamos,
Palabras sin interpretar
Con un gesto ignorado,
Una carta sin escribir
Y una historia sin leer.


El papel ha estado en blanco hace tiempo, quizás esperando este momento en que ya mi aliento se ha perdido, la mirada esquiva e incómoda ante la multitud provoca casi un efecto – pánico. Y finalmente las noches provocan un resultado similar a la del día.
Cuando escucho a la gente escuchar acerca de un malestar o aflicción siempre hace alusión hacia algo más bien de tipo físico que, tan solo, necesita tranquilizantes – sedantes localizadores que permiten (en días posteriores) hacer y deshacer como siempre.
Entre el vaivén de medicamentos que existen y transitan por todo el cuerpo uno permanece consciente, vivo e incapaz de ejecutar cualquier movimiento. Mientras tanto todos los intentos se efectúan mentalmente, ahí te puedes levantar, saciar tu sed y volver.
El punto esencial, es que nunca hubo necesidad de aquello y no es que los medicamentos no fuesen efectivos.
El ruido nunca se fue, es más, continuó al ritmo de los latidos del corazón.
Y es así como pasan los días, hay personas que lo denominan, “carga” o es “la cruz” que uno imaginariamente tiene aferrada o atascada y que ningún intento escéptico trata de esquivar.
O bien es un pago de una boleta muy detallada, que tarde o temprano, debemos cancelar.
No sé que teoría es la más cercana a esta situación y aunque no es la primera ni ultima vez que suceda, sólo espero día a día que sea un estado temporal y que llegue el día en que mi voz sea capaz de pronunciar palabras certeras y que den cuenta que he vuelto.
Espero que algún día mis gestos sean coherentes con la mirada y que finalmente sea mi pragmática la que exprese más que mis palabras.
Por ahora, vivo en una especie de pausa subjetiva, donde me es preferible mirar hacia atrás, antes que, avanzar y progresar con lo que hay y quedó. Aliviando aquel lugar donde los sedantes nunca han llegado.



“En unas noches, más que otras, cierro mis ojos pensando
Que algún día tendré
La oportunidad de comenzar de nuevo”