viernes, julio 23, 2010

< Ir y venir >

Cuando un cántaro se rompe,
y no hay monedas en la fuente.
Cuando uno se despierta,
y ya no es indiferente.

[…]

| Los Divinos. Andrés Calamaro |

…………….......…………..**…….......……………………..

Hay días en que me gustaría cambiar todo y otros en que la dinámica actual permite conformarme con todo y todos, es como que al levantarme cambio la posición de mi reloj porque no puedo visualizar la hora, pero al día siguiente vuelvo a dejarlo donde estaba.
Son cambios y no cambios, parece ilógico y anacrónico, sin embargo es lo que considero un estado, es improbable e indefinible por lo tanto el ser humano trata de evitar ese: sí, pero no, esa imparcialidad que lo desconcierta, porque cuando uno “siente” y explicita que ha cambiado tiende a generar y producir esa energía que permite sentir esa seguridad con matices de arrogancia que al otro le envidia. Aunque esa energía poco a poco se va desgastando, van re-apareciendo rasgos que hacen pensar “no he cambiado del todo”.
Es fácil sentirse que uno ha cambiado, porque el ser humano necesita saber que continúa avanzando, aunque en el fondo estemos estancados en el mismo lugar de siempre, es más, hay señales que nos hacen creer que aquello que nos ocurre es cierto, el continuar siendo exitoso en la vida, el obtener respuestas asertivas, la recepción de los otros, etc.
Antes vivía en una etapa de constantes cambios, y hoy siento que fue lo peor, una porque creas una imagen increíble, uno vive en una burbuja constante, pero como todo lo bueno de la vida, uno siempre anhela más: energías, señales, conductas, aprobaciones, etc. pero no todo es ascendente y he ahí cuando se produce un “estancamiento” prolongado pues la más mínima duda del objetivo se derrumba todo lo construido y solidificado.
Siento que he formado parte de ambos procesos, he logrado mis victorias realizando cambios constantes, sin embargo he guardado mis fracasos en cajas para luego dejarlas bajo mi cama. Es como esconder el reloj en vacaciones, salvo que éstas no son eternas y el horario vuelve aparecer. Mis cajas están en el mismo lugar, sin embargo las emociones retornan sin necesidad de abrir una hoja.
Y he ahí en un punto vértice que me permite apreciar el camino anteriormente recorrido y los trazos que acabo de dibujar.
Donde aquel punto estático, es el estado del Cambio y No Cambio.





Y afuera donde es verano
todos se van, todos se van
nosotros parece que no
pero también

[…]

lunes, enero 18, 2010

< SiEmPre eS aLgo Que.. >

Escúchame más y más
Aquí en el fondo
Hecho un caracol pequeñísimo
Convertido en una sonrisa arrollada
Todavía soy capaz de pronunciar
El nombre

(La Palabra)
Vicente Aleixandre.

Siempre queda una palabra que decir y que guardamos,
Palabras sin interpretar
Con un gesto ignorado,
Una carta sin escribir
Y una historia sin leer.


El papel ha estado en blanco hace tiempo, quizás esperando este momento en que ya mi aliento se ha perdido, la mirada esquiva e incómoda ante la multitud provoca casi un efecto – pánico. Y finalmente las noches provocan un resultado similar a la del día.
Cuando escucho a la gente escuchar acerca de un malestar o aflicción siempre hace alusión hacia algo más bien de tipo físico que, tan solo, necesita tranquilizantes – sedantes localizadores que permiten (en días posteriores) hacer y deshacer como siempre.
Entre el vaivén de medicamentos que existen y transitan por todo el cuerpo uno permanece consciente, vivo e incapaz de ejecutar cualquier movimiento. Mientras tanto todos los intentos se efectúan mentalmente, ahí te puedes levantar, saciar tu sed y volver.
El punto esencial, es que nunca hubo necesidad de aquello y no es que los medicamentos no fuesen efectivos.
El ruido nunca se fue, es más, continuó al ritmo de los latidos del corazón.
Y es así como pasan los días, hay personas que lo denominan, “carga” o es “la cruz” que uno imaginariamente tiene aferrada o atascada y que ningún intento escéptico trata de esquivar.
O bien es un pago de una boleta muy detallada, que tarde o temprano, debemos cancelar.
No sé que teoría es la más cercana a esta situación y aunque no es la primera ni ultima vez que suceda, sólo espero día a día que sea un estado temporal y que llegue el día en que mi voz sea capaz de pronunciar palabras certeras y que den cuenta que he vuelto.
Espero que algún día mis gestos sean coherentes con la mirada y que finalmente sea mi pragmática la que exprese más que mis palabras.
Por ahora, vivo en una especie de pausa subjetiva, donde me es preferible mirar hacia atrás, antes que, avanzar y progresar con lo que hay y quedó. Aliviando aquel lugar donde los sedantes nunca han llegado.



“En unas noches, más que otras, cierro mis ojos pensando
Que algún día tendré
La oportunidad de comenzar de nuevo”