domingo, abril 27, 2008

< HeaLinG >

“Cuando las heridas del cuerpo dejan de doler es porque han sanado.
Cuando las heridas del corazón dejan de doler, es porque el corazón se ha helado.”


| Corazón de Invierno. Santiago Vergara |


[...]
Ya viendo que todo se desmoronaba, me sentía que debía aislar el corazón de los afectos y enfrentar los conflictos con cara de piedra. Pero por dentro, tenía los sentimientos en ebullición. Luego advertí que cuando me había ido bien, también había tenido el corazón duro, ocultando los sentimientos. [...]
Me di cuenta de que había hecho la mayor parte de la vida respondiendo a las expectativas de otros, en lugar de seguir mi propio camino.

| Santiago Vergara. |


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Las heridas, deberían ser un orgullo, porque son huellas de batallas, de luchas. Todos los días somos partícipes de diferentes tipos de combates y si somos partes, es porque nos consideramos capaces de poder obtener un triunfo, lo que sí me entristece significativamente son las herramientas que se consideran válidas para ganar, porque en esta vida, al parecer, todo está permitido, todo se tranza y todas las manipulaciones que se sitúan al alcance tienen su recompensa... ¿resultará satisfactorio?.

No me considero ingenua, pero nunca pensé que me encontraría en un lugar donde debía convivir con ello a diario, siempre me aseguré, con esfuerzo, el lugar al cual debía estar y brillar con orgullo mi trono ganado y brindando con alegría mis heridas, pues ellas me guiaron a la cima, sin embargo ese era el escenario que siempre mentalicé, a ciegas y a ojos cerrados de muchas personas también, pero de tanto asegurarme, fui dejando de lado las cosas que no dependían de mí: los pensamientos externos y las consideraciones, me vi envuelta en un mundo donde el esfuerzo nunca fue valorado y las simpatías, “buena onda” fueron tomando paso, me vi envuelta en un lugar donde los afectos tuvieron privilegios en vez del reconocimiento tangible, de la pasión, el compromiso y ganas de lograr, a pesar de todo, el triunfo de merecer lo que tanto he trabajado.
Un balde de agua fría me cayó encima luego de ver tal escena, por momentos sentí que el tiempo se detenía, quería volver a preguntar para “asegurarme” de escuchar bien, esta vez...quien iba a pensar que ocurriría ello a alguien tan asegurada, planificada, arrogante, pesimista como yo.

Quedé vacía y helada, estática e histérica, me costó horas pensar en una solución, pero minutos en desmoronarse, me alejé de todos y no comuniqué jamás nada de lo sucedido, no fue frustración, no fue derrota, no fue impotencia.
Fue dolor lo que me hizo traer a la conciencia el sentido de la batalla, el sentido de que el dolor está ahí en aquella herida, por alguna razón.
Pasé por todas las etapas psicológicas, resignación, aceptación, cuestionamientos y desmotivación.
Me habitué de lo que encontraba, me iba mimetizando de lo que observaba, mis conductas activas diminuyeron y mi sentido de comprensión también.
Como dice el escritor Santiago, el corazón se va poniendo duro y comienza a ocultar las cosas y las dificultades se enfrentan con cara de piedra, pero eso tiene su precio...Como en gran parte lo he pagado yo.

Ahora, ya he comenzado el camino, con el corazón duro y la mente helada, no es lo óptimo ni lo ideal, pero es lo que me sirve para sobrevivir, al menos hasta que encuentre una solución que me haga cambiar de parecer o al menos hasta que la situación cambie a medida que voy variando con cada conducta que voy autorregulando, porque con la gente...ya nunca se sabe.

Me detendré hasta el momento en que todo comience a calzar.



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Al dibujar los trazos son livianos
Imperceptibles, suaves...
Porque nada resulta bien a la primera
Y siempre tenemos que borrar y arreglar
Aquellos trazos que no salen a la perfección
En la vida es igual,
Vamos caminando despacio, con delicadeza
Porque las cosas no fluyen de manera perfecta
En la primera instancia
O al menos...
No estoy acostumbrada que ocurra dicha dinámica.
Y no es por inseguridad, es por precaución...
Porque un alma tan dañada y herida,
También puede tornarse dura, insensible.

lunes, abril 07, 2008

< Algo más o menos así >


La vida suele ser paradójica e irónica, a veces solía pensar que alguien se ensañaba conmigo y tiraba algo de mala vibra, como alguien me dijo una vez: “hay gente mala de adentro”, a lo que se refería, era que la maldad la llevaba en la sangre y bueno uno se cruza y ya estás metido en un sin fin de malos días y mala suerte, donde parece un cuento de nunca acabar y terminas lamentado tu propia existencia.

Bueno antes creía en un sin fin de situaciones (patrañas mas que nada), pero creo que uno se condiciona frente a los malos ratos, los nefastos lunes, los domingos lentos y fomes.
Han pasado varios días sin tener un comienzo en mi borrador de blog, aunque la verdad buscaba en mi mente una teoría para tal “mala racha” que no sólo resultara convincente para quien lee, sino por sobretodo, para calmar mis interrogantes asfixiantes que me acosan antes de dormir.
La vida suele ser paradójica e irónica, ya que siempre busca una razón para reírse de mí en mi propia cara, lo cual me hace pensar con frecuencia que prácticamente me acostumbré a ello, sin embargo el acostumbrar no siempre implica aceptar y mi actitud trata de esquivar lo que la situación me pone en frente, es decir, he tenido pésimos días y he terminado con una sonrisa en mi cara, de rabia, impotencia, quien sabe, quizás es un recurso que me permite escapar dentro de mi propio malestar y fingir que todo en algún momento (pensando en una remota posibilidad) cambiará de manera repentina.
He llevado una batalla interna tratando de encontrar alguna justificación de porqué ocurre o porqué yo, típico quién no se ha preguntado eso cuando uno está con el fango hasta el cuello. La gente usualmente llora, horas, días y no los culpo, pero eso no sirve de nada, he presenciado dichas situaciones y me aterrorizo, quedo tiesa sin saber que hacer mientras todo el resto parte repartir abrazos y decir cosas como: ahh si no es nada, ya va a pasar, el típico cuenta conmigo, ahí estaré y esas cursilerías que solo funcionan en ese momento.
Bueno entre que me quedo parada, trato de decir: mira puedes hacer esto o esto otro, quizás si hablas con tal algo sirva, claramente lo que hago es visualizar una posible solución: una, para que vea una luz de salida y dos, para que deje de llorar.
Aunque eso es lo que generalmente hago, esa técnica no puedo autorrealizarla, porque bajo la desmotivación es difícil hacer un último esfuerzo, un autoaliento con la ilusión de que algún día muy pronto saldrá el sol.
He buscado miles de teorías, pero van cayendo una a una como pieza de dominó y precisamente debido a esta pésima situación, reconozco que lloré, pero de rabia creo que ansiar tanto una situación termina por destruirla, como también realizar todas las cosas a su debido tiempo y de la mejor manera, también deforma el pavimento, es más, vienen otros a destrozarlo, con ganas, con intención.
Creo que también lloré porque no pude visualizar otra alternativa de solución, me vi tan asegurada, tan preparada que solo me bastaron 2 días para buscar un nuevo camino que recorrer.
Y a pesar que lo tengo, siento que no lo tengo, no me he apropiado de nada aún, mi cuerpo se volvió pasivo y mi mente se llenó de agresividad, pensando porqué el exterior veía aquella traición y yo la veía como algo que “quizás debía suceder”.
Insisto nuevamente, el acostumbrar no implica aceptar, pero creo que he aprendido a vivir con lo bueno que dura poco y con la gloria que se desvanece en segundos, el problema es que nunca medí la fracción de tiempo en que sucede.
La vida es un instante y se debe aprovechar como tal y como todo lo que sube baja (suena estúpido, pero tiene sentido), siento que he rozado o bien estoy a punto de caer.




Solo un roce.










Amén.