lunes, abril 07, 2008
< Algo más o menos así >
La vida suele ser paradójica e irónica, a veces solía pensar que alguien se ensañaba conmigo y tiraba algo de mala vibra, como alguien me dijo una vez: “hay gente mala de adentro”, a lo que se refería, era que la maldad la llevaba en la sangre y bueno uno se cruza y ya estás metido en un sin fin de malos días y mala suerte, donde parece un cuento de nunca acabar y terminas lamentado tu propia existencia.
Bueno antes creía en un sin fin de situaciones (patrañas mas que nada), pero creo que uno se condiciona frente a los malos ratos, los nefastos lunes, los domingos lentos y fomes.
Han pasado varios días sin tener un comienzo en mi borrador de blog, aunque la verdad buscaba en mi mente una teoría para tal “mala racha” que no sólo resultara convincente para quien lee, sino por sobretodo, para calmar mis interrogantes asfixiantes que me acosan antes de dormir.
La vida suele ser paradójica e irónica, ya que siempre busca una razón para reírse de mí en mi propia cara, lo cual me hace pensar con frecuencia que prácticamente me acostumbré a ello, sin embargo el acostumbrar no siempre implica aceptar y mi actitud trata de esquivar lo que la situación me pone en frente, es decir, he tenido pésimos días y he terminado con una sonrisa en mi cara, de rabia, impotencia, quien sabe, quizás es un recurso que me permite escapar dentro de mi propio malestar y fingir que todo en algún momento (pensando en una remota posibilidad) cambiará de manera repentina.
He llevado una batalla interna tratando de encontrar alguna justificación de porqué ocurre o porqué yo, típico quién no se ha preguntado eso cuando uno está con el fango hasta el cuello. La gente usualmente llora, horas, días y no los culpo, pero eso no sirve de nada, he presenciado dichas situaciones y me aterrorizo, quedo tiesa sin saber que hacer mientras todo el resto parte repartir abrazos y decir cosas como: ahh si no es nada, ya va a pasar, el típico cuenta conmigo, ahí estaré y esas cursilerías que solo funcionan en ese momento.
Bueno entre que me quedo parada, trato de decir: mira puedes hacer esto o esto otro, quizás si hablas con tal algo sirva, claramente lo que hago es visualizar una posible solución: una, para que vea una luz de salida y dos, para que deje de llorar.
Aunque eso es lo que generalmente hago, esa técnica no puedo autorrealizarla, porque bajo la desmotivación es difícil hacer un último esfuerzo, un autoaliento con la ilusión de que algún día muy pronto saldrá el sol.
He buscado miles de teorías, pero van cayendo una a una como pieza de dominó y precisamente debido a esta pésima situación, reconozco que lloré, pero de rabia creo que ansiar tanto una situación termina por destruirla, como también realizar todas las cosas a su debido tiempo y de la mejor manera, también deforma el pavimento, es más, vienen otros a destrozarlo, con ganas, con intención.
Creo que también lloré porque no pude visualizar otra alternativa de solución, me vi tan asegurada, tan preparada que solo me bastaron 2 días para buscar un nuevo camino que recorrer.
Y a pesar que lo tengo, siento que no lo tengo, no me he apropiado de nada aún, mi cuerpo se volvió pasivo y mi mente se llenó de agresividad, pensando porqué el exterior veía aquella traición y yo la veía como algo que “quizás debía suceder”.
Insisto nuevamente, el acostumbrar no implica aceptar, pero creo que he aprendido a vivir con lo bueno que dura poco y con la gloria que se desvanece en segundos, el problema es que nunca medí la fracción de tiempo en que sucede.
La vida es un instante y se debe aprovechar como tal y como todo lo que sube baja (suena estúpido, pero tiene sentido), siento que he rozado o bien estoy a punto de caer.
Solo un roce.
Amén.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario