Cuando las heridas del corazón dejan de doler, es porque el corazón se ha helado.”
| Corazón de Invierno. Santiago Vergara |
[...]
Ya viendo que todo se desmoronaba, me sentía que debía aislar el corazón de los afectos y enfrentar los conflictos con cara de piedra. Pero por dentro, tenía los sentimientos en ebullición. Luego advertí que cuando me había ido bien, también había tenido el corazón duro, ocultando los sentimientos. [...]
Me di cuenta de que había hecho la mayor parte de la vida respondiendo a las expectativas de otros, en lugar de seguir mi propio camino.
| Santiago Vergara. |
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Las heridas, deberían ser un orgullo, porque son huellas de batallas, de luchas. Todos los días somos partícipes de diferentes tipos de combates y si somos partes, es porque nos consideramos capaces de poder obtener un triunfo, lo que sí me entristece significativamente son las herramientas que se consideran válidas para ganar, porque en esta vida, al parecer, todo está permitido, todo se tranza y todas las manipulaciones que se sitúan al alcance tienen su recompensa... ¿resultará satisfactorio?.
No me considero ingenua, pero nunca pensé que me encontraría en un lugar donde debía convivir con ello a diario, siempre me aseguré, con esfuerzo, el lugar al cual debía estar y brillar con orgullo mi trono ganado y brindando con alegría mis heridas, pues ellas me guiaron a la cima, sin embargo ese era el escenario que siempre mentalicé, a ciegas y a ojos cerrados de muchas personas también, pero de tanto asegurarme, fui dejando de lado las cosas que no dependían de mí: los pensamientos externos y las consideraciones, me vi envuelta en un mundo donde el esfuerzo nunca fue valorado y las simpatías, “buena onda” fueron tomando paso, me vi envuelta en un lugar donde los afectos tuvieron privilegios en vez del reconocimiento tangible, de la pasión, el compromiso y ganas de lograr, a pesar de todo, el triunfo de merecer lo que tanto he trabajado.
Un balde de agua fría me cayó encima luego de ver tal escena, por momentos sentí que el tiempo se detenía, quería volver a preguntar para “asegurarme” de escuchar bien, esta vez...quien iba a pensar que ocurriría ello a alguien tan asegurada, planificada, arrogante, pesimista como yo.
Quedé vacía y helada, estática e histérica, me costó horas pensar en una solución, pero minutos en desmoronarse, me alejé de todos y no comuniqué jamás nada de lo sucedido, no fue frustración, no fue derrota, no fue impotencia.
Fue dolor lo que me hizo traer a la conciencia el sentido de la batalla, el sentido de que el dolor está ahí en aquella herida, por alguna razón.
Pasé por todas las etapas psicológicas, resignación, aceptación, cuestionamientos y desmotivación.
Me habitué de lo que encontraba, me iba mimetizando de lo que observaba, mis conductas activas diminuyeron y mi sentido de comprensión también.
Como dice el escritor Santiago, el corazón se va poniendo duro y comienza a ocultar las cosas y las dificultades se enfrentan con cara de piedra, pero eso tiene su precio...Como en gran parte lo he pagado yo.
Ahora, ya he comenzado el camino, con el corazón duro y la mente helada, no es lo óptimo ni lo ideal, pero es lo que me sirve para sobrevivir, al menos hasta que encuentre una solución que me haga cambiar de parecer o al menos hasta que la situación cambie a medida que voy variando con cada conducta que voy autorregulando, porque con la gente...ya nunca se sabe.
Me detendré hasta el momento en que todo comience a calzar.
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Al dibujar los trazos son livianos
Imperceptibles, suaves...
Porque nada resulta bien a la primera
Y siempre tenemos que borrar y arreglar
Aquellos trazos que no salen a la perfección
En la vida es igual,
Vamos caminando despacio, con delicadeza
Porque las cosas no fluyen de manera perfecta
En la primera instancia
O al menos...
No estoy acostumbrada que ocurra dicha dinámica.
Y no es por inseguridad, es por precaución...
Porque un alma tan dañada y herida,
También puede tornarse dura, insensible.
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